A N N A E S T E L L É S ©
SOBRE MI
Desde pequeña, el garaje de la casa de mis abuelos fue mi primer espacio de creación. Allí, junto a mis primas, inventábamos espectáculos de teatro y danza para los niños y niñas del barrio. Sin saberlo, en esos juegos comenzó una forma de habitar el mundo que aún hoy sostiene mi práctica artística.
Mi práctica artística se despliega desde el cuerpo, la imagen y la experiencia sensorial.
El arte ha sido mi refugio, mi sostén y una herramienta para comprender la realidad, imaginar otras posibles y reconocerme en las historias de los demás.
Soy creadora escénica, directora artística y escénica, dramaturga y productora. Mi trabajo se centra en las nuevas dramaturgias, con perspectiva de género e impacto social. Desarrollo proyectos propios, acompaño a otros artistas en sus procesos de creación y facilito iniciativas de mediación artística y formación.
Todo lo que hago nace de una misma convicción: crear para encarnar.
Entiendo la creación como una práctica que permite habitar el cuerpo, generar encuentro, activar el pensamiento crítico e imaginar nuevas formas de estar y transformar el mundo, ya sea en teatros, espacios no convencionales, comunidades o aulas.


MANIFIESTO
No creo piezas escénicas para ofrecer respuestas.
Creo experiencias que abren preguntas.
Soy un canal al servicio del flujo creativo. Trabajo desde la escucha, abriendo espacio para que el movimiento creativo se manifieste.
Elijo el espejo como dispositivo de creación: un espejo que no devuelve certezas, sino preguntas; que desplaza la mirada y revela otras formas de percibir.
La poesía visual es mi lenguaje. Una constelación de imágenes y símbolos que cada persona completa desde su propia biografía. La belleza atraviesa ese lenguaje como una forma de hacer visible lo que permanece oculto.
Me interesa expandir los límites de las artes escénicas para investigar nuevos lenguajes. Crear desde el mestizaje, la intuición y la incertidumbre.
Busco un arte que amplíe la percepción, porque toda transformación comienza con una nueva manera de mirar.
Entiendo el escenario como un ritual de presencia: un espacio donde el tiempo se suspende y, por un instante, volvemos a habitar plenamente el presente.